
No ser malo de puro bueno [...] Alternar lo agrio con lo dulce es prueba de buen gusto; sola la dulzura es para niños y necios.
Palabras de seda, con suavidad de condición [...] Siempre se ha de llevar la boca llena de azúcar para confitar palabras, que saben bien a los mismos enemigos.
Sin mentir, no decir todas las verdades. No hay cosa que requiera más tiento que la verdad, que es un sangrarse del corazón. Tanto es menester para saberla decir como para saberla callar. No todas las verdades se pueden decir: unas porque me importan a mí, otras porque al otro.
Las cosas no pasan por lo que son, sino por lo que parecen. Valer y saberlo mostrar es valer dos veces.
Atención a no errar una, más que a acertar a ciento. Nadie mira al sol resplandeciente, y todos al eclipsado.
Huir la nota en todo; que, en siendo notados, serán defectos los mismos realces [...] Hasta en lo entendido lo sobrado degenera en bachillería.
Y más adelante nos invita a cultivar ese difícil arte de la templanza, o del equilibrismo. Por de pronto, a ver si me entreno bien para no caer tan a menudo de esa cuerda que debe sostenerme entre la diligencia y el ritmo lento, entre el obrar presto y el gozar despacio, entre la prudencia y el despejo, entre la torpe indecisión y la resolución pronta. Y así saber cuándo es preciso mantener tirante la rienda y cuándo picarla:
Diligente e inteligente. La diligencia ejecuta presto lo que la inteligencia prolijamente piensa. Es pasión de necios la prisa, que, como no descubren el tope, obran sin reparo […] La presteza es madre de la dicha. Obró mucho el que nada dejó para mañana. Augusta empresa correr a espacio.
Diligente e inteligente. La diligencia ejecuta presto lo que la inteligencia prolijamente piensa. Es pasión de necios la prisa, que, como no descubren el tope, obran sin reparo […] La presteza es madre de la dicha. Obró mucho el que nada dejó para mañana. Augusta empresa correr a espacio.
Hombre de resolución. Menos dañosa es la mala ejecución que la irresolución. No se gastan tanto las materias cuando corren como si estancan.
No vivir a prisa. El saber repartir las cosas es saberlas gozar. […] Son más los días que las dichas. En el gozar, a espacio; en el obrar, a prisa. Las hazañas, bien están, hechas; los contentos, mal, acabados.
No cansar [...] Gana por lo cortés lo que pierde por lo corto. Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos [...] Lo bien dicho se dice presto.
Pensar anticipado. Hoy para mañana y aun para muchos días. La mayor providencia es tener horas della; para prevenidos no hay acasos, ni para apercibidos aprietos. No se ha de aguardar el discurrir para el ahogo, y ha de ir de antemano [...] Toda la vida ha de ser pensar para acertar el rumbo. El reconsejo y providencia dan arbitrio de vivir anticipado.
Hombre detenido, evidencia de prudente. Es fiera la lengua, que, si una vez se suelta, es muy dificultosa de poderse volver a encadenar.
Hombre de espera. Nunca apresurarse ni apasionarse. Sea uno primero señor de sí, y lo será después de los otros. La detención prudente sazona los aciertos y madura los secretos. La muleta del tiempo es más obradora que la acerada clava de Hércules. El mismo Dios no castiga con bastón, sino con sazón. La misma fortuna premia el esperar con la grandeza del galardón.
Más vale el buen ocio que el negocio. No tenemos cosa nuestra sino el tiempo [...] Igual infelicidad es gastar la preciosa vida en tareas mecánicas que en demasía de las sublimes; ni se ha de cargar de ocupaciones ni de envidia; es atropellar el vivir y ahogar el ánimo.
(Baltasar Gracián: Oráculo manual y arte de prudencia, 1647)