miércoles, enero 24, 2007

MESAS Y SOBREMESAS

La mesa puesta y vestida con todo detalle en el centro de la estancia acristalada de una casa antigua. Las sillas que guardaban sitios secretos ocupados tiempo atrás por padres y hermanos. El sol de las dos jugando en las copas de vino. El anfitrión acogiendo cálidamente a los invitados, que no se conocían entre sí: un sabio filósofo, sencillo como la paloma, un animoso estudiante de psicología, dos abogados apasionados por mucho más que el derecho, un despiertísimo estudiante de bachillerato, una filóloga alucinada. El aroma de aquellas viandas cocinadas sin prisa que empezamos raudos al calor del que pensó en el El festín de Babette. Y una prodigiosa sobremesa que se alargó hasta el anochecer, llena de sentido, acompañada por aquel misterioso reloj que acertaba a sonar justo después de una palabra rotunda. En aquella velada se habló de muchas cosas, del hombre, de trabajos, de vocaciones, de aquella fidelidad creadora que tanto me gustó, de poesía, del vino de California, de la historia de un Grand Marnier que, por nuestra culpa, ya no cumplirá los doscientos años. Cristian, el estudiante de bachillerato, pidió a Eusebi, el anfitrión, que nos contara cómo había descubierto su vocación (la filosofía y la docencia). Gracias a Cristian, pues, escuchamos una preciosa respuesta, que lamento no poder transcribir con exactitud: "Fue en las interminables sobremesas y tertulias familiares que se organizaban en esta misma mesa que estamos ocupando hoy nosotros, bajo esta misma luz que va declinando. Aquí empecé a amar el preguntar y el escuchar, y pronto surgió el deseo de poder enseñar lo que aprendiese, a través de la palabra viva."
Este recuerdo ha volado hasta mi habitación mientras leía cómo disfrutó Clavijo y Fajardo, cuando, después de haber visitado una docena de tertulias frívolas e intrascendentes, acudió al fin a una que le llenó de satisfacción:
"Nunca hablaban dos tertuliantes a la vez y a ninguno se le permitía hacer degenerar en disputa la conversación. Esta tertulia fue la escuela donde aprendí en seis meses más de lo que me habían enseñado en la universidad"
(Clavijo y Fajardo: El Pensador, 1762)
Y luego me he quedado callada, mirando por la ventana. Me parecía estar oyendo la voz pausada de Carmiña, tan amiga de la charla, al dolerse de no hallar interlocutores dispuestos:
"Amigos, yo quisiera conoceros un poco. Pero os escondéis entre gestos, entre montañas de gestos y palabras. Os lanzáis vuestras palabras para enseñaros unos a otros lo que sabéis, como si os enseñarais los dientes. Quizá habéis conocido alguna vez aquel puro placer de regalar palabras, de escuchar las que el otro nos regala. Pero se os va olvidando poco a poco."
(Carmen Martín Gaite: "Vuestra prisa")
Más tarde, después de bajar las persianas, he escuchado otra Voz, más profunda y antigua, que me ha sugerido que mejor cierre ya esta entrada, pues sus palabras nos brindan la mejor excusa para seguir conversando, si queréis, detrás del telón de esta página:
"El horno prueba los vasos del alfarero;/ la prueba del hombre es su conversación./ El árbol bien cultivado se conoce por sus frutos,/y el corazón del hombre por la expresión de sus pensamientos"
(Eclesiástico, 27, 6-7)

7 comentarios:

Anónimo dijo...

La memoria nos traiciona y se llegan a desdibujar, a veces, asuntos fundamentales, olores y colores, gestos, voces...
Te agradezco muchísimo esta entrada, la guardaré como un pequeño tesoro. Si mi memoria flaquea vendré a estas letras y reviviré el privilegio de estar allí, el regalo de aquel día, de aquella "mesa y sobremesa", de aquellos amigos extraordinarios.
Gracias por recoger, a retazos, algunas escenas de aquella tarde mágica y gracias también por los textos que introduces. Es una entrada preciosa.

Anónimo dijo...

Inma, ¡mil gracias por esta entrada tan suculenta! Parece que la has cocido sin prisas, y yo, que apenas le he podido robar 5 o 6 minutos a la tesina me la he engullido a toda velocidad. La reunión que la inspira, las reflexiones y los textos que intercalas son maravillosos, así que me la llevo impresa para poder saborearla como se merece.

Anónimo dijo...

Inma.

Has conseguido crear ambiente, con lo complicado que eso resulta. Y quizá no sea gracias al contenido, sino al ritmo y al tempo. Creo que se trate del texto que más me gustado de tu blog.

Pero, bueno, ¡menos peloteo! Visto lo visto, leído lo leído, estoy convencido de que puedes regalar cosas más ricas. Parece que te autocensures..., escribes siempre desde una cornisa que te da vértigo, ¿por qué no te tiras? Algo estupendo es que juegues con la información, ahora nos enseñas, ahora no -como Hitchcock y su suspense-; muestras sugiriendo, perfecto, sin embargo, mientras que tus comas las decide el corazón, los puntos son obra de la razón. A este recato y pudor sólo le falta una intención desatada. ¿Por qué no nos regalas más comas? ¡Termina un texto con una gran coma...!

Un beso. Toño.

Pd. Perdona por esta intromisión. Escribir es algo muy personal, escribir es pensar y no se puede decirle a nadie lo que debe o no pensar... ¿verdad?

¡Termina un texto con una gran coma...!

Inma dijo...

Gracias, Koke, por tu [parcial] opinión en lo referente a la entrada y por tu recuerdo -ese sí, fiel-, de aquella estupenda tarde.

Y a Anacó, por robarle ese tiempo, que de sobras sé lo valioso que es, para sentarse a la mesa a saborear estas "comidas" demasiado largas con las que os entretengo a veces.

Toño, ¡bien por tus enérgicos mandatos! Lo del suspense me ha hecho mucha gracia; recuerdo que en el colegio un amigo me decía que lo mío era el suspense verbal. No sé si me autocensuro -espero que no-, pero siempre da un poco de pudor hablar de uno mismo, como decía EGM hace tiempo en su perfil. Me fío de tu consejo y pensaré sobre ello.
Pero por favor, dame ideas para acabar el texto con una coma...¡no se me ocurre cómo hacerlo!

Abrazos

Anónimo dijo...

Ya sabes que no soy muy asiduo en las intervenciones (que no en las lecturas de las entradas) de tu blog. Pero hoy, aunque apremiado por las prisas del trabajo, debo decir algo, lo que sea, justo después de leer tu última entrada, antes de que se pierda el efecto del primer momento.Todas tus entradas son buenas. Pero en ésta has llegado al culmen de dosificar en una armonía perfecta aquello de la forma y el fondo. Gran contenido engarzado en una prosa exquisita. Te felicito.

Anónimo dijo...

Has conseguido imprimir a tus palabras la serenidad apacible de esas tertulias, el calor, incluso, del sol de las dos... Tan sencillo escuchar, tan difícil y tan valioso. Felicidades y gracias por esta maravillosa entrada.

Por cierto, me hace ilusión que cites al paisano Clavijo Fajardo. Si buscas "José Clavijo Fajardo" en Google lo primero que sale (al menos hace un rato) es algo que hice yo, porque estuve meses trabajando un fondo documental que tiene, entre otras, cosas suyas.

Anónimo dijo...

Venerada Inma
No sabes cómo echo de menos esos interlocutores perfectos de los que hablas en tu entrada,últimamente solo hablo de datos,informes que no aportan ni descodifican nada importante,pero que se lanzan del tiron,como las estadisticas...¡Cuánta falta me hace paladear un buen vino en una de esas tertulias,y eso que yo no
soy muy amigo de los almuerzos formales,prefiero siempre la informalidad,comer furtivamente en cualquier sitio olvidándome de roles, que siempre bloquean las conversaciones(me refiero a los protocolos familiares ,no a la idílica tertulia que planteas)
Ya ves Inma,tengo auténtica necesidad de discurso...