lunes, julio 17, 2006

LA NOCHE Y LOS LADRONES

La oleada de robos nocturnos en los chalés ha traído una psicosis general de la que yo misma he participado. Todo ha cambiado porque antes los ladrones eran más cautos, entraban en las casas de día, aprovechando la ausencia de los dueños; entonces uno podía temer llegar y encontrarse la cerradura forzada y el hogar desvalijado, pero ya se sabe que el corazón siente menos cuando los ojos no ven. He de confesar que durante algunas semanas dormí con un ojo abierto, o sea, no dormí, con la angustia infantil de ser asaltada de improviso. En uno de estos desvelos reflexioné sobre mi temor nocturno–la noche, con su oscuridad y su silencio crea y agranda fantasmas (quién, de niño, no se ha despertado de una pesadilla en plena madrugada, y ha corrido ¡piernas-para-qué-os-quiero!, hacia el dormitorio de los padres)-. Recordé entonces aquel descubrimiento esencial, mi primera “penumbra”, aquel verano de la infancia cuando asumí la existencia de la muerte, de los ladrones y de las ratas de manera conjunta (hasta entonces creía que todos ellos pertenecían al mundo de los cuentos, como el Sueño de la bella durmiente, las Hadas, los Duendes y las Brujas malvadas).

Los Ladrones, las Ratas y la Muerte. Suma curiosa de elementos dispares, pero que en mi experiencia personal contaban con un denominador común: el pánico de encontrármelos sin previo aviso, de repente, como un susto; especialmente temía toparme con ellos en aquel momento en que me sentía más indefensa -la noche-, cuando no tenía cerca a mis padres y cuando los sentidos estaban aletargados, hundidos en la penumbra y en el sueño.

Ahora también tememos especialmente a los ladrones por la noche, cuando nada nos distrae y nos sabemos débiles ­—cuando no podemos gritar “¡Al ladrón!”-; momento que coincide con ese tiempo de quietud propicio para pensar en la Muerte, para temer que nos asalte de improviso, como una ladronzuela. Porque el día, con su luz y sus ruidos, con su engañosa normalidad, con las mínimas y atropelladas preocupaciones cotidianas, consigue eclipsarla y ocultarla detrás de los paneles multicolor, detrás de las músicas, del la tele y las tiendas; como si la luz nos hiciera inmunes al asalto de los ladrones, de las ratas... o de la Muerte.
Pero Manuel Machado lo advierte, de modo muy preciso, en este poema:

Y no será una noche
sublime de huracán, en que las olas
toquen los cielos…Tu barquilla leve
naufragará de día, un día claro
en que el mar esté alegre.
Te matarán jugando. Es el destino
terrible de los débiles…
Mientras un sol espléndido
sube al cenit hermoso como siempre.

16 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Veo que los ladrones se han llevado un poema tuyo, que había colgado en esta entrada. Qué sinvergüenzas. Será que era lo más valioso, y eso que las reflexiones y el poema de Machado son muy buenas. Yo no tuve tiempo de leerlo, ay.

Inma dijo...

¡Me has pillado! Vaya mala ladrona estoy hecha, que me atrapan a la primera...Vi que la entrada había salido muy larga y puestos a cortar, corté lo más mío, que me parecía innecesario (y me daba un poco de vergüenza, sí...)

Koke dijo...

A mi lo que más me gusta, es "lo más tuyo". Lamento haber llegado tarde.

Koke dijo...

Sobre la muerte me ha gustado siempre un fragmento de «El Inmortal» de Jorge Luis Borges.
En él aparecen unas criaturas primitivas, trogloditas: los inmortales. Su existencia continua a través de los siglos, no sujeta a la mudanza del tiempo, les lleva a inmovilismo. Se anula la existencia personal, nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todas las cosas. En palabras del inmortal Joseph Cartaphilus:

"La MUERTE(o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres, estos conmueven por su condición de fantasmas. Cada acto que ejecutan puede ser último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay cosa que no esté como perdida entre infatigables espejos. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario".

Inma dijo...

Qué hermoso texto, Koke.
¡Cuántas veces nos hemos creído "inmortales", pobres humanos! Lo cierto es que muy de vez en cuando pensamos que cada momento, cada acto "es irrecuperable" y "preciosamente precario"...
Y cómo se reirían los "inmortales" de Borges ante el afán del hombre por "almacenar" (dinero, éxito, fama, conquistas, propiedades, etc..., si todo quedará perdido, en el mismo mar.

E. G-Máiquez dijo...

Precioso texto de Koke/Borges (que el argentino sabía que al leer y, sobre todo, al recordar hacemos nuestro lo de otro).

(Y aprovecho para recordar a Inma que para que se perdone el pecado de robo, hay que devolver lo sustraído. ¡Queremos leer el poema!)

Alberto dijo...

El poema de Machado que has colgado me ha recordado, a lo mejor voy equivocado, pero he pensado en ese poema de Whitman "Para que las vírgenes aprovechen el tiempo" que dice así "coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela, la misma flor que hoy admiráis, mañana estará muerta". También vienen muy acordes al tema de la muerte unos versos de Dylan Thomas en los que dice " no cavaré mi tumba en la tierra, aunque la muerte se acerca, y me aterra, No me esconderé de la muerte, cuando vaya a mi tumba, iré con la cabeza alta, y el espíritu fuerte. En fin, muy buena la reflexión que nos haces Inma, seguro que Hamlet se apuntaría a decir algo!!

Toño dijo...

¡Ay! ¡La muerte! Un día habría que escribir sobre ella, sobre su descubrimiento, pese a que caigamos en la trampa de no volver a soltar el tema jamás.
Siento lo de los ladrones. Estoy seguro de que si yo viviera en una ciudad grande sería la primera víctima, pues en mi pequeña aldea todavía seguimos con la constumbre de dejar todas las puertas abiertas siempre: casas, coches, gallineros,..., corazones... Quizá no entren a desvalijar porque ya no queda nada, si es que lo hubo.

Besos desde un océano que hoy estaba calentito como ese mar!!!

Mora-Fandos dijo...

Es cierto, la noche nos despoja de las seguridades más o menos sólidas del día. Creo que hay que indagar en una vía media, que trascienda noche y día, otra luz. El relato de la conjunción de muerte, ladrones y ratas es muy iluminador.

Enrique Baltanás dijo...

Las 24 horas dan para mucho: noche y día, pero también, crepúsculo, madrugada, tarde, mediodía, alba... ¿Qué nos sugieren cada una de estas palabras, qué sentimientos nos despiertan? Se podría escribir un libro, "Libro de horas". Pero, de momento, nos quedamos con estas reflexiones nocturnas de Inmma y Cía.

Enrique Baltanás dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Inma dijo...

Alberto, muchas gracias por tus poemas; a pesar de que cada uno da una visión diferente, ambos coinciden en el pensamiento de la muerte dentro de la vida. Algo que me parece muy necesario, para vivir con plena conciencia, es decir, para VIVIR.

Me ha encantado,Toño,como describes tu pequeña aldea gallega, con puertas, ventanas y corazones abiertos (dan una ganas tremendas de visitarla). Tampoco es que yo viva en una ciudad grande, qué va, pero también aquí empieza a ser difícil cumplir lo que dice un personaje de Saroyan:
"no hay que tener miedo de los hombres", "el mundo está lleno de criaturas asustadas. Y como están asustadas, se asustan entre ellas"...Es una lástima.
Besos desde este otro mar,que pide a gritos lluvia fresca.

Muy sugerentes y poéticas la propuestas de Mora-Fandos y de Enrique Baltanás: buscar "otra luz", una luz intermedia entre la negrura nocturna y la claridad del alba. Eso nos llevaría a indagar en los diferentes matices y colores de todas las luces y horas del día, como apunta Baltanás, y en su poder evocador. Tal vez los impresionistas franceses podrían darnos pistas...

Estos días, que he sufrido cierta "ofuscación" anímica (léase "crisis tesinal") he pensado también en la oscuridad que puede envolver al día, despojándolo de la habitual seguridad y normalidad de las horas de luz y creando temores tan inquietantes no como el de la muerte, pero casi casi como los que me provocaban las ratas y los ladrones.
¡Saludos a todos!

Lord Scutum dijo...

Venerada Inma
Mi pánico no tiene hora, ni forma,ni estado anímico,la oscuridad de la noche o la luminosidad del día siempre me susurran ese Ven...,son estimulantes.El miedo...,¡Que gran tema!Supongo que tengo -como todos los canallas-mucho miedo a la muerte,a ese umbral desconocido y que no consigo nunca descodificar.
Tengo muchos pánicos ,pero siempre me digo lo mismo:El miedo es el peor enemigo,y sobre todo tengo miedo a perder a los míos,a quedarme huérfano de señales,en fin,tengo miedo al sufrimiento que supongo que lo llevamos en nuestra ontología particular,"el miedo a no sentirnos vivos y felices en medio de las cosas destinadas a vivir más que uno"

Inma dijo...

Estimado Lord Scutum, mi querido interlocutor,

Se puede decir que he recibido al vuelo tu mensaje nocturno, precisamente en ese momento de quietud en que se me aparecen más vivos que nunca los temores ocultos del día, los ladrones, las ratas, la muerte...
Pero, gracias a Dios,también se encienden lucecitas como las tuyas, alumbrando otro rincón en cierta penumbra que también habita en mí: el miedo al "desasimiento", a la desorientación y a la falta de respuesta, al temor de no haber vivido.
Por eso me parece esencial aprender a distinguir entre lo verdaderamente importante en esta vida y lo que no lo es tanto.
Decía Thoreau en su "Walden" una frase que siento necesidad de repensar a menudo:
"Casi siempre dejamos a las circunstancias exteriores y transitorias la dirección de nuestra vida. Y ellas son, de hecho, la causa de todos nuestros errores".

También me ha gustado tu evocación poética de las "cosas" que nos rodean, destinadas a sobrevivirnos, ¡qué melancolía!...
"Y se quedarán los pájaros cantando"...

Lord Scutum dijo...

Venerada Inma
No sabes cuánto me alegra saberte despierta en esta noche de insomnio en la que he logrado conectarme a internet solo para meterme en tu fabuloso blog,estoy de vacaciones,y echaba de menos tu blog,estoy solo en Zahara de los Atunes -mi arcadia particular-,leyendo a Cernuda entre otros , te mando este poema de luces y sombras
Va la sombra invasora
Despojando el espacio
Y la luz fugitiva
Huye a un mundo lejano.
Surge viva la lámpara
En la noche desierta,
Defendiendo el recinto
Con sus fuerzas ligeras.
Sólo el azul relámpago,
Que vierte la ventana
Hacia fuera,en el tiempo
Misterioso resbala.
Cuán vanamente atónita
Resucita de nuevo
La soledad.¿Soñar?
Soñaremos que sueño.
Es la paz necesaria.
No se sabe;se olvida.
Otra noche acunando
Esta dicha vacía.


Que tengas felices sueños amiga Inma,sin ladrones ,ni asquerosas ratas,ni vacíos,ni abismos...
aunque a veces sea necesario descender a las tinieblas para saber reconocer la esencia de la luz...

Anónimo dijo...

yo he interpretado el poema de machado de diferente manera, para mi no alude a la muerte, sino mas bien al dolor consciente resultado de las consecuencias de desear(cuando es irremediable en algunas personas,
la fantasia no debiera, y es, nuestro motor, nos llena de ilusion) supone perdidas. En el mundo real y en el interior.
Ambas tienen que ver con el tiempo. Lo siento quiza no me explique, pero en el poema vi que no tendremos un final romantico y tempestuoso arrebatado fantastico, sino que sera en la superficie del dia a dia donde muramos;que los debiles (imbuidos en estos temas)descuidan, desdeñan o no se saben enfrentar a los retos q supone la vida. es como si no quieres frustrarte, no pierdas el tiempo cayendo en juegos (niños),las tentaciones tenemos que superarlas los debiles.
Ya.Pensar que estoy loca,xo soy el ejemplo grafico viviente.
"temataran jugando. ES el destino de los debiles"..