
El
interés como principio del amor no estaría nada mal si lo concibiéramos en el sentido antiguo del término...
INTER-ESSE, en un origen significó «estar entre», «estar metido dentro», «participar»; más tarde, se aplicó a la cualidad de llamar la atención, de donde surge el afán de vivir hacia el objeto (o sujeto) que tan fuerte atrae.
[*Por si es verdad que una imagen vale más que mil palabras, Katharine Hepburn y Spencer Tracy expresan mucho mejor lo que yo trato de explicar]
Entendido así, el interés es hermano del importar, término que curiosamente también tiene un doble sentido, uno materialista y otro sentimental y/o intelectual:
«Importar, significa «introducir en un país cosas, tales como mercancías, costumbres, de otro». Pero que algo importe a una persona quiere decir que traslada su interés de un lugar a otro. Lo importante les afecta porque les llama (la atención), obliga a estar pendiente de ella, seduce, arrastra.»
El bueno de Covarrubias en su erudito y gracioso diccionario Tesoro de la lengua castellana (1611) da a la palabra “interés” el significado al que hoy estamos acostumbrados («el provecho, la utilidad, la ganancia que se saca o espera de una cosa») pero no se priva de añadir un apunte moral sobre la inconveniencia del interés utilitarista:
«El interesse es la polilla de la virtud. Por esso dixo Nuestro Redemptor que al que atesora en el cielo, está seguro de la polilla (...) y es mucha razón, pues nos ama Dios sin interesse, le correspondamos en el amor a lo menos en grado de proporción assí como Él nos ama, sin tener respeto a la ganancia que por amarnos le venga»
El D.R.A.E, mucho más soso, sólo ofrece -en cuarto lugar- una escueta acepción al interés más inútil y, por eso, más deseable, la "Inclinación del ánimo hacia un objeto, una persona, una narración, etc".
Si yo valiera para lexicógrafa... pediría permiso para añadir "no orientado al provecho ni al beneficio, sino al vivir en y para el objeto de interés".